
Por I.•.Y.•.M.•.P.•.H.•.S.•. Santiago Cruz Oropeza – @oropeza_santiago
Una de las tradiciones místicas y mágicas que ha ocupado la mente de muchos estudiosos, filósofos, místicos y científicos, interés que ha existido durante muchas épocas y periodos de la existencia humana; y me refiero a la ALQUIMIA, este arte misterioso y tan anhelado por aquellos que escucharon de su existencia por medio de boca a oído por parte de sus maestros o mediante leyendas de los ancianos de las civilizaciones. Arte místico y mágico que consiste en transmutar, cambiar la estructura atómica de la denominada materia prima, que en su etapa natural o primitiva es un metal llamado PLOMO, metal denso y de poco valor, ya sea por su color negruzco que proyecta una idea de la oscuridad, de maldad y de sombras; material que, al atravesar un proceso minucioso y dividido en tres etapas a saber: nigredo, albedo y rubedo, le permite al ALQUIMISTA convertir a ese metal denso, grosero y obscuro, sin valor estético y mucho menos con algún valor comercial, lo transforma, transmuta, es decir que cambia la estructura atómica de dicho metal (materia prima) para lograr obtener uno de los metales más deseados y adorados desde el inicio de los tiempos y por todas las civilizaciones de la historia del mundo, y nos referimos al metal denominado ORO; ya sea por su luminosidad, por conductividad eléctrica, por la facilidad de manipulación o maleabilidad, ya sea porque semeja al astro Rey por su resplandor, al Sol.
Ese tan ansiado metal que ha ocupado la mente de escritores de cuentos, leyendas y novelas llenas de misterio y fantasía; leyendas como la ciudad fabricada de oro puro y denominada “EL DORADO”, o tal vez en la mítica leyenda del “REY MIDAS” que expresa dentro de las líneas de aquel relato, que todo material que tocaba con su mano, se convertía en tan anhelado metal sublime, el “ORO”. Otro mito más ha sido, la búsqueda del “TESORO TEMPLARIO”, que por la ambición del Rey de Francia Felipe IV “El Hermoso” en conjunto con el representante del Vaticano en ese momento, el Papa Clemente V, que por su ambición acusaron a los Caballeros Templarios de crímenes tan espantosos y de herejía, esto con tal de apoderarse del tesoro templario que estaba conformado de oro. No obstante, en el último lustro, despertó uno de las más obscuros y obsesivos anhelos de buscadores de tesoros, ya sea en minas, ya sea en las montañas, ya sea en el agua del mar, y que se le bautizó a tan aguerrida obsesión como “FIEBRE DEL ORO”.
Sin embargo, a lo largo de la historia han existido infinidad de esoteristas, magos, místicos, alquimistas hoy en día llamados químicos. Muchos de ellos pasaron toda su vida buscando la fórmula secreta, la fórmula mágica, el método, ya sea analizando miles de libros de magia y esoterismo, tales como la Biblia Judeo Cristina, ya sea el Zohar, ya sea el Talmud, ya sea el Bhagavad Gita, ya sea el Koran; magos y alquimistas como Paracelso, Nicolas Flamel, Zósimo de Panópolis y muchas más personas alrededor del globo, desde Asia, África y Europa, pasaron su vida leyendo, estudiando y no menos importante, experimentando, haciendo millones de ensayos sin lograr su cometido, sin haber obtenido resultados palpables y reales.
Y ¿Qué relación tiene la alquimia con el “renacer”? Cuando hablamos de renacer, nos referimos a la acción de volver a nacer, o nacer dos veces, también dentro de las diferentes acepciones encontramos que significa: resucitar, revivir, resurgir, retoñar, reaparecer, rebrotar, reverdecer.
¿Qué debo hacer para renacer? ¿quiero renacer?, y si es asertiva o aseverativa respuesta, debo entonces preguntarme ¿para qué quiero renacer? ¿Cuál es el objetivo de renacer? ¿Estoy dispuesto a surfear los obstáculos o vicisitudes que nos encontremos para poder renacer?

Para poder renacer, primero debo morir, debe morir el antiguo “Yo” que hace referencia a la primera fase de la alquimia, denominada “NIGREDO”, el antiguo ropaje que viste a mi materia, debe morir los prejuicios que fueron sembrados en la alborada de mi inteligencia en primera etapa de la vida, en la niñez; deben morir los antiguos miedos o deseos que me mantienen esclavo de los apegos, debe morir mi ambición malsana, debe morir mi antiguo yo.
Luego entonces, ¿qué es la Alquimia Filosófica en el renacer? o dicho de otra manera ¿Cómo puedo renacer a partir de la filosofía alquímica? Hemos hecho referencia que la alquimia es el arte de transmutar, de cambiar la estructura atómica, cambiemos alegóricamente la estructura atómica de nuestros pensamientos, aquellos pensamientos que son como el plomo de los antiguos alquimistas, plomo que representa un metal o material que no es útil, que no es bello (armonioso) con el entorno o con la naturaleza, aquel plomo que representa filosóficamente aquello que me resta valor moral, valor espiritual, valor social; en pocas palabras, mi “Yo” o mi ego es el plomo que no favorece y tampoco contribuye a la humanidad y mucho menos a mi evolución y transformación personal. Es decir la segunda etapa o fase de la alquimia, denominada “ALBEDO”, que consiste puntualmente en la purificación, en quitar el exceso o lo que no es útil, eso será mediante la purificación de nuestros pensamientos, de nuestras malas intenciones o bajas pasiones que contaminan a nuestros pensamientos y nos provocan idolatrar a cosas banales y perjudiciales para el ser humano y para la sociedad. Mediante la respiración, la meditación y la introspección lograremos purificar esos pensamientos.
Y finalmente logrando la Gran Obra alquímica denominada RUBEDO consistente, donde se busca obtener la piedra filosofal, que es la sustancia que permite la transmutación de los elementos, esa piedra de color rojo, esa PIEDRA FILOSOFAL tan anhelada por los alquimistas. Pero si hablamos de la filosofía alquímica Qué será la piedra filosofal? O mejor dicho ¿Quién será la piedra filosofal?
Yo soy la piedra filosofal, yo soy quien debo morir alegóricamente para RENACER y convertirme en esa piedra filosofal de color ROJO, renacer a través de ese proceso alquímico filosófico, ya que los filósofos, yoguis, chamanes y aquellos estudiosos del mundo esotérico (mundo interno) y otros más que han avanzado en su evolución espiritual, han logrado conocerse a si mismos, han logrado ellos mismos atravesar el proceso alquímico dentro de su propia psique, “nigredo” “albedo” y “rubedo” para convertirse en la misma piedra filosofal con ese rojo brillante que anuncia el nacimiento a una nueva forma de vida, a un RENACER.