Conchita Clamont, un viaje de sabores e historias

Gastronomíahace 6 meses106 Vistas

@conchitaclamont  – Valeria Sánchez @val.sanchezb 

Por Rocío Hernández @chio_snow

Si pudiese hablar de un lugar, de un solo lugar hablaría. Solo uno. 

Cerca de la costa… lejos de todo lo demás.

Del tiempo. De él también hablaría. De la historia y el futuro. De la casa número cien, y de su destino que viene y va.

Entre sabores.

Conchita Clamont, enraizado en la Colonia Roma, es un restaurante-bar, de concepto rooftop que se encarna en la fachada de un vestigio del México convulso y errante que pervive desde el año 1917.

Con su propia turbulencia, en las manos de un camino incierto, aquel edificio terminó por convertirse, al tiempo, en un símbolo de la tradición y del sibarito placer cosmopolita de la alta cocina.

“Es un lugar que te reconforta, pero no necesariamente siendo cocina mexicana sino una fusión de cocina internacional. Nace de crear una experiencia entre lo nuevo y lo viejo”

Definido por un sabor puramente heredado del México íntimo, coronado con la esencia del mar, que corteja fuertemente los acentos de la comida internacional, Conchita Clamont es el punto álgido de la fusión entre la calidez del hogar y lo sobrio del lujo más exquisito… evoca sutilmente los ecos del pasado y los encara con visiones del mundo más allá de sus límites para ofrecer una experiencia inigualable en todos los sentidos.

Valeria Sánchez es la mujer que lleva la batuta de este singular proyecto, con una mirada igualmente singular: «Nosotros, como cocineros tenemos esa muestra de cariño hacia nuestros seres queridos. Siempre digo que cocinen como si lo hicieran para su mamá». Este retrato es en el que se dibuja la existencia de Conchita Clamont: «Es un lugar que te reconforta, pero no necesariamente siendo cocina mexicana sino una fusión de cocina internacional. Nace de crear una experiencia entre lo nuevo y lo viejo». 

Entre las hojas de hierbabuena y el limón se imaginan atardeceres de talásico gusto, hay memorias risueñas en las copas de vino y dúctiles caricias en los labios sobre las flores de lavanda. Va siguiendo la huella del ayer y del recuerdo buscando contar una historia en todas las lunas y los vésperos… también sigue los cuentos del sol y del cielo azul. Un brindis en la mano y un bocado de fascinante sápido.

“Nosotros, como cocineros tenemos esa muestra de cariño hacia nuestros seres queridos. Siempre digo que cocinen como si lo hicieran para su mamá”

Con la vena artística recorriéndole el cuerpo, Conchita Clamont ha sabido vivir entre la sencillez elevada de forma vehemente. Pinceladas de tierra y mar. Platillos como el ceviche Passion fruit y las burratas italianas son su carta de presentación y su punto fuerte, los leves coquetos de la suntuosa coctelería, la antiquísima atmósfera envuelta de jazz y bossa nova cierran el círculo de una exultante exploración de la riqueza de los paisajes del México profundo.

Ese México que surca las calles, que se infusiona en el aire… exuberante y seductor. Recorre los callejones empedrados, en el rocío de los naranjos,  de la menta fresca. La ciudad que explota. «Lo que nos ofrece la CDMX; aquí tenemos el mejor producto marítimo, de verduras, de huertos. La zona metropolitana y la Ciudad de México son muy ricas en cuestión alimenticia, la columna vertebral son los centros de consumo. Conchita es el lugar al que llega el comensal (…) donde se le ofrece una comida. Conchita es una experiencia completa».

Se transmutan en magia pura, los ingredientes se convierten en delicatessen, diseñados para confortar el alma y acariciar el ser. «No son platos pretenciosos, todo es muy minimalista, pero tiene ese toque antiguo. No es un menú rebuscado, es un menú muy sencillo. Con mucho amor y cariño, los comensales agradecen y disfrutan todo lo que prueban».

La ambición de convertirse en el ‘hot spot’ de la ciudad ha llevado a Conchita Clamont a reescribirse como un caviar-bar que pueda jugar con él y darle otro enfoque. Uno más cómodo y  ‘luxury’: «El lujo es el producto o lo que te puede llegar a ti como consumidor, pero que sea único».

La relación de su concepto, el cierre con broche de oro en su círculo perfecto se encarna en los pasos siguientes: «A futuro está proyectado que tengamos una huerta propia que pueda surtirnos. Convertirnos en proveedores propios, siempre y cuando sea lo más sustentable posible». Al fin y al cabo Conchita Clamont es la puerta de un mundo solo regido por sí mismo, por sus pasiones y sus inquietudes. Re Descubriéndose  en la hoja santa y el champagne, persiguiendo el anhelo de crear, de torcer los paradigmas. Romper y construir.

«Conchita da la oportunidad para explotar el expertise. Hacer mancuerna con chefs de nuestra generación, tener la experiencia completa». Las estampas del tiempo, surcadas con gentileza por el antes y el después, por el aroma y el paladar; guían los pasos  de un destino inevitable. La joya de la corona, el cielo rojizo, una mesa vestida con los acentos del océano y los colores del licor. La fantasía adentrándose en la realidad. Arte en su esplendor. 

“A futuro está proyectado que tengamos una huerta propia que pueda surtirnos. Convertirnos en proveedores propios, siempre y cuando sea lo más sustentable posible”

Como en un cuento de hadas.

Si pudiese hablar de un lugar, de un solo lugar hablaría. Solo uno.  

Cerca del corazón de la capital… lejos de todo lo demás. 

 

@conchitaclamont  – Valeria Sánchez @val.sanchezb 

Por Rocío Hernández @chio_snow

Si pudiese hablar de un lugar, de un solo lugar hablaría. Solo uno. 

Cerca de la costa… lejos de todo lo demás.

Del tiempo. De él también hablaría. De la historia y el futuro. De la casa número cien, y de su destino que viene y va.

Entre sabores.

Conchita Clamont, enraizado en la Colonia Roma, es un restaurante-bar, de concepto rooftop que se encarna en la fachada de un vestigio del México convulso y errante que pervive desde el año 1917.

Con su propia turbulencia, en las manos de un camino incierto, aquel edificio terminó por convertirse, al tiempo, en un símbolo de la tradición y del sibarito placer cosmopolita de la alta cocina.

“Es un lugar que te reconforta, pero no necesariamente siendo cocina mexicana sino una fusión de cocina internacional. Nace de crear una experiencia entre lo nuevo y lo viejo”

Definido por un sabor puramente heredado del México íntimo, coronado con la esencia del mar, que corteja fuertemente los acentos de la comida internacional, Conchita Clamont es el punto álgido de la fusión entre la calidez del hogar y lo sobrio del lujo más exquisito… evoca sutilmente los ecos del pasado y los encara con visiones del mundo más allá de sus límites para ofrecer una experiencia inigualable en todos los sentidos.

Valeria Sánchez es la mujer que lleva la batuta de este singular proyecto, con una mirada igualmente singular: «Nosotros, como cocineros tenemos esa muestra de cariño hacia nuestros seres queridos. Siempre digo que cocinen como si lo hicieran para su mamá». Este retrato es en el que se dibuja la existencia de Conchita Clamont: «Es un lugar que te reconforta, pero no necesariamente siendo cocina mexicana sino una fusión de cocina internacional. Nace de crear una experiencia entre lo nuevo y lo viejo». 

Entre las hojas de hierbabuena y el limón se imaginan atardeceres de talásico gusto, hay memorias risueñas en las copas de vino y dúctiles caricias en los labios sobre las flores de lavanda. Va siguiendo la huella del ayer y del recuerdo buscando contar una historia en todas las lunas y los vésperos… también sigue los cuentos del sol y del cielo azul. Un brindis en la mano y un bocado de fascinante sápido.

“Nosotros, como cocineros tenemos esa muestra de cariño hacia nuestros seres queridos. Siempre digo que cocinen como si lo hicieran para su mamá”

Con la vena artística recorriéndole el cuerpo, Conchita Clamont ha sabido vivir entre la sencillez elevada de forma vehemente. Pinceladas de tierra y mar. Platillos como el ceviche Passion fruit y las burratas italianas son su carta de presentación y su punto fuerte, los leves coquetos de la suntuosa coctelería, la antiquísima atmósfera envuelta de jazz y bossa nova cierran el círculo de una exultante exploración de la riqueza de los paisajes del México profundo.

Ese México que surca las calles, que se infusiona en el aire… exuberante y seductor. Recorre los callejones empedrados, en el rocío de los naranjos,  de la menta fresca. La ciudad que explota. «Lo que nos ofrece la CDMX; aquí tenemos el mejor producto marítimo, de verduras, de huertos. La zona metropolitana y la Ciudad de México son muy ricas en cuestión alimenticia, la columna vertebral son los centros de consumo. Conchita es el lugar al que llega el comensal (…) donde se le ofrece una comida. Conchita es una experiencia completa».

Se transmutan en magia pura, los ingredientes se convierten en delicatessen, diseñados para confortar el alma y acariciar el ser. «No son platos pretenciosos, todo es muy minimalista, pero tiene ese toque antiguo. No es un menú rebuscado, es un menú muy sencillo. Con mucho amor y cariño, los comensales agradecen y disfrutan todo lo que prueban».

La ambición de convertirse en el ‘hot spot’ de la ciudad ha llevado a Conchita Clamont a reescribirse como un caviar-bar que pueda jugar con él y darle otro enfoque. Uno más cómodo y  ‘luxury’: «El lujo es el producto o lo que te puede llegar a ti como consumidor, pero que sea único».

La relación de su concepto, el cierre con broche de oro en su círculo perfecto se encarna en los pasos siguientes: «A futuro está proyectado que tengamos una huerta propia que pueda surtirnos. Convertirnos en proveedores propios, siempre y cuando sea lo más sustentable posible». Al fin y al cabo Conchita Clamont es la puerta de un mundo solo regido por sí mismo, por sus pasiones y sus inquietudes. Re Descubriéndose  en la hoja santa y el champagne, persiguiendo el anhelo de crear, de torcer los paradigmas. Romper y construir.

«Conchita da la oportunidad para explotar el expertise. Hacer mancuerna con chefs de nuestra generación, tener la experiencia completa». Las estampas del tiempo, surcadas con gentileza por el antes y el después, por el aroma y el paladar; guían los pasos  de un destino inevitable. La joya de la corona, el cielo rojizo, una mesa vestida con los acentos del océano y los colores del licor. La fantasía adentrándose en la realidad. Arte en su esplendor. 

“A futuro está proyectado que tengamos una huerta propia que pueda surtirnos. Convertirnos en proveedores propios, siempre y cuando sea lo más sustentable posible”

Como en un cuento de hadas.

Si pudiese hablar de un lugar, de un solo lugar hablaría. Solo uno.  

Cerca del corazón de la capital… lejos de todo lo demás. 

 

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