Jesús Corral: Memorias de una ciudad sin tiempo

Destinohace 6 meses507 Vistas

Jesús Corral @jmcorralg

Por Carla Higareda @cabo.comunicarla

Fotografía: Carlos Vargas @carlosvargasphoto

Finisterra o “el final de la Tierra”, hace referencia a la famosa formación rocosa labrada de manera natural por el vaivén de dos océanos que se seducen sin fundirse: el océano Pacífico y el Mar de Cortez.

En sus adentros, resguardan una riqueza natural incomparable, de bellísimas especies, residentes y visitantes que reclaman estos mares como sus hogares, al igual que sus habitantes, quienes cautivados por su inmensurable belleza, se han arraigado hasta pertenecer a la historia de estas tierras. Jesús Corral es un hombre elocuente, nos recibe en la casa club de Querencia, un desarrollo bellamente diseñado, cuyas vistas a sus campos de golf y arquitectura atemporal, retratan la belleza y el lujo que se respira en muchos rincones de Los Cabos.

Jesús, como muchas grandes figuras de la sociedad cabeña, es una persona activa en la agenda social de la comunidad. Lo que más llama la atención es ver cómo su mirada, de ojos grandes, se pierde en la memorias de la nostalgia a medida que nos relata sus vivencias, esbozando sonrisas y pausando las palabras, como si los recuerdos se hicieran palpables, y el olor a café de talega del rancho y tortillas de harina recién hechas, inundaran con su aroma aquella charla.

Se le puede ver feliz en cada respuesta, que con orgullo nos comparte un pedacito de su esencia, desde los recuerdos de la infancia, mirando los atardeceres encendidos y jugando en la playa con sus primos, hasta su trayectoria laboral, llena de satisfacciones e increíbles oportunidades, que sólo un destino fértil como Los Cabos regala a manos llenas.

“Sin duda hablar de mis vivencias en los años 60 ‘s en San José del Cabo, es abrazar la nostalgia”

La primera vez que vine fue en 1965, a la edad de 7 años. Desde ahí seguiríamos viajando con regularidad desde CDMX. El viaje era toda una aventura; abordar un avión con hélices (un Douglas DC3), cuya etiqueta exigía a todos sus pasajeros por igual vestir traje- sonríe – imagina a unos niñitos con su trajecito, que éramos mis primos, mis hermanos y yo. El viaje era largo e incluía trasnochar en La Paz para ganarle tiempo al sol desértico emprendiendo un viaje de 10 horas y así poder arribar a San José del Cabo alrededor del medio día.

Nuestras actividades incluían: ir a la playa a disfrutar la belleza del mar; otros días montábamos a caballo en el rancho. Toda la familia se dormía en el mismo lugar: catrecito, tras catrecito, como en el ejército -bromea- en el edificio al que conocíamos como “El Alto” por ser literalmente el único edificio alto de San José, es decir de 2 pisos: ¿sabes cuál es?, aquel que está en la plaza, frente a la iglesia, me parece que ahora tiene un restaurante. Antes era el almacén Goncanseco, que perteneció a mi abuelo. De ahí salíamos a visitar a mis tíos a la otra casa, en lo que hoy es Casa Natalia.

Ir a Cabo San Lucas era un viaje de 2 horas, por la falta de carretera hacia allá. Su comunidad, de pescadores locales y visitantes millonarios, tenía muy pocos habitantes. De aquel lado ya había un par de hoteles construidos, como Solmar, seguido unos años más tarde del complejo Terrasol. En ese entonces aún estaba en construcción el hotel Finisterra y también existía ya el hotel Hacienda, en su primera versión”

Una extraordinaria frase que Jesús compartió fue “a pesar de que no había nada, lo teníamos todo”.

Jesús Corral

“El tiempo pasaba entre horas y horas de convivencia. Primos cortando mangos y tíos preparando la barbacoa en la huerta del abuelo. Sin contar aquellas tardes inolvidables, años más tarde, en lo que hoy es el hotel Chileno, con chiquillos corriendo entre los pasillos de las habitaciones y papás despreocupados disfrutando del atardecer con una margarita en mano.”

Sobre el crecimiento del destino, Jesús nos comparte…

 “Mi abuelo fue dueño de las tierras de Palmilla, que posteriormente le vendería a Abelardo L. Rodríguez, ex presidente de México y un apasionado de la pesca deportiva, por lo que su visión y las excelentes relaciones que tenía fueron pieza clave para el desarrollo del destino. Mi abuelo condicionó la venta de dichas tierras a cambio de la promesa de construir un hotel ahí, lo que actualmente es el hotel Palmilla. Rodríguez adaptó una pequeña pista frente al hotel, donde aterrizaban desde La Paz sus invitados, y el resto es historia.”

La charla está cargada de detalles, memorias y alegre melancolía. Cada recuerdo que se comparte es claro, citando fechas y describiendo perfectamente los escenarios, al punto de que las emociones permean la piel y las sonrisas de asombro se escapan, mientras mis ojos interesados casi evitan parpadear para no perder detalle. La plática de una hora no cabría en estas líneas, pero basta mencionar que Jesús Corral es un hombre carismático y sencillo, que describe de manera significativa lo que para él han representado sus historias de vida y sus recuerdos sobre esta tierra que desde niño lo cobijó intermitentemente hasta recibirlo definitivamente.

Jesús nos relata el crecimiento de Los Cabos…

“No fue sino hasta 1976, con la llegada de FONATUR (Fondo Nacional de Fomento al Turismo), que el destino cambió de nombre a Los Cabos, impulsando el desarrollo de Cabo San Lucas con la inauguración del torneo de pesca más importante del mundo en 1980, el Bisbee’s.”

El lujo de Los Cabos es muy circunstancial, con una capacidad económica, política y social sobresaliente. Muchos recordamos la época dorada donde se reunían grandes actores, importantes políticos americanos y gente de mucho dinero, principalmente de Estados Unidos”.

El auge que se disparó desde la época de Luis Echeverría, con la llegada de FONATUR (Fondo Nacional de Fomento al Turismo), en 1976, fue un fenómeno sin precedentes. San José del Cabo fue uno de los 5 pueblos que FONATUR comenzó a desarrollar, junto con Ixtapa, Cancún, Huatulco y Loreto. Lo anterior dio paso a una mayor infraestructura y un desarrollo extraordinario.

Posteriormente, siendo el Hotel Presidente el primer hotel, el Hotel Westin marcó un parteaguas inigualable para la arquitectura turística a gran escala. Le siguieron Cabo del Sol, incluído el Sheraton, y la remodelación de pioneros ya establecidos, como Solmar y Finisterra. Otros hoteles de renombre como Questro y Pueblo Bonito proliferaron enormemente también.”

A la par de esta expansión de demanda de cuartos, surgió un valor agregado inigualable. Un visitante podía ahora realizar pesca deportiva de primer mundo, jugar golf en campos de diseñador y degustar gastronomía de primer nivel sin repetir experiencias durante su estancia. Las actividades acuáticas recreativas y la oferta de transporte privado se sumaron a la lista. Es importante señalar que este crecimiento fomentó un ambiente muy sano de competitividad, donde la satisfacción del huésped era lo más importante, favoreciendo al destino en general.

Otro gran detonante fue el desarrollo del Aeropuerto Internacional, cuya conectividad impulsó mucho más el desarrollo de Los Cabos; pues se comenzaba a resolver la demanda de cuartos, pero los vuelos eran escasos. Un dato muy destacado del Estado de Baja California Sur es que es el único estado con 4 aeropuertos internacionales: San José del Cabo, Loreto, La Paz y Cabo San Lucas.”

La historia de Jesús Corral, cuya trayectoria social, marcada por la gran influencia de su abuelo en temas de filantropía, su innegable experiencia en tema de finanzas y negocios de muchísimas industrias, y por supuesto un carisma reconocido en la comunidad, nos habla del legado que ha construido, en diversos ámbitos.

Jesús Corral

-¿A qué le atribuyes tu trayectoria laboral?

Sonrié – a las circunstancias – responde pausadamente, mientras da un sorbo a su bebida. Comencé la carrera de ingeniería civil en la Universidad Iberoamericana, sólo para darme cuenta de que no era mi pasión al cabo del quinto semestre. Al cambiarme a la carrera de Administración de Empresas y sin tener aún una idea certera de lo que realmente era mi vocación, tuve la maravillosa oportunidad de incorporarme a la Comisión Nacional de Valores, debido a que el entonces Presidente, el Lic.Lorenzo Peón, era paciente de mi padre, un médico muy reconocido en su ámbito, con la especialidad de endocrinología. Fue un día que jamás olvidaré, desde hace 40 años: yo vistiendo mi única corbata, presentándome en un edificio de gobierno casi blindado. Era una sala de juntas enorme, cuyos asientos se iban llenando con todos los directores de la Comisión Nacional de Valores, incluída la de Estudios Económicos, Estudios Legales, Emisoras y muchos otros. Me presentó con todos ellos e inició la entrevista: ‘Jesús, cuéntanos, ¿por qué quieres estar aquí?’. Nervioso, firme y decidido, di mi discurso y concluyó la entrevista. Al día siguiente recibo la llamada del sr Peón -felicidades, Jesús, puedes elegir con cuál de los directores deseas trabajar, todos te quieren en sus equipos.

Se puede notar el brillo en su mirada y el agradecimiento en sus palabras.

“Así fue como incursioné en el mundo laboral: sin ninguna experiencia, pero acompañado de bellísimas circunstancias.”

Durante sus años como director de finanzas de empresas y casas de bolsa, sus relaciones profesionales le abrieron las puertas a diversas oportunidades. En 1993 decide mudarse definitivamente a Los Cabos, donde eventualmente llegaría a ser Secretario de Turismo en el año 2005, además de incursionar en medios de comunicación, como el programa de radio que ha compartido por muchos años junto a Armando Figaredo, y como jefe editorial en revistas. También tuvo por muchos años una columna sobre finanzas en el periódico Tribuna.

Otras funciones han incluído fungir como Presidente de la CANACO, así como de SKAL Los Cabos, y de los Rotarios. También se desempeñó como asesor del gabinete financiero de Narciso Agundez y fue Presidente del Consejo Asesor del CCC (Consejo Coordinador de Los Cabos), además de dar clases en diversas universidades en materias relacionadas con las finanzas.

“Recordando mis años como docente, siempre me resultó importante compartir en mis alumnos, la mayoría estudiantes de turismo, una semilla de amor y arraigo por el lugar donde habitan: no es sostenible tomar algo constantemente sin regresar una parte de ti a cambio. En la reciprocidad hay fuerza y la oportunidad de un desarrollo sustentable”.

Jesús Corral

Al cierre de nuestra entrevista, se puede ver una mirada que expresa gratitud y cariño a Los Cabos, y sin duda se contagia.

Nota: Esta entrevista fue originalmente realizada para la edición Amatl Renacer. Hoy se comparte nuevamente bajo el sello de Lúmina Taller.

 

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