Emmanuel Palomares: Entre esta y todas las vidas

Perfilhace 6 meses624 Vistas

Emanuel Palomares @emmanuelpalomares

Por Jhovany Sánchez Martínez @jhovaadain

Producción: Lúmina Taller  Fotografía: Eddy Espinoza @eddy_espinoza

Arte: Emanuel Catrina @ecatrinaa  Estilismo: Jossi Alonso @jossalonsov

MUAH: Valentina @valentinaction  Locación: Hotel Kimpton Virgilio @kimptonvirgiliopolanco

Catering: Nuevecinco Café-Bistró @nuevecincocafe

 

La naturaleza desnuda de las vidas que decide tomar prestadas, es quizá, la manera más elocuente de indagar la suya. De un hombre en el que convergen todos los destinos, con una misma piel. 

Habitada ella, por el incesante fatum de las figuras que llegan a él, gatillando la más extática de sus pasiones: la actuación.

Ha recorrido un camino vasto, adornado con reconocidos papeles tanto en televisión como en teatro.

“Corazones extremos”, “Las hijas de la señora García”, “Perdona nuestros pecados” y “La herencia”, son unos cuantos ejemplos de los proyectos en los que ha participado a lo largo de su exitosa carrera. 

Emmanuel Palomares está en posesión de un aire simpático con una voz alegre y vibrante que inspira confianza, pero que, escasamente, sirve para eclipsar las más brillantes de sus aptitudes. El talento histriónico y la tozuda voluntad que le abrieron camino  en su campo profesional.

“En el camino se van dando esas oportunidades pequeñas, que parecen, pequeñas y luego pasan los años y ya entiendes que gracias a esas pequeñas oportunidades uno se va forjando”

Las memorias de su vida comienzan en una familia donde fue designado como el hijo y hermano de enmedio, en donde se le señaló como el más creativo, cualidad que, años después, definiría el curso de su existencia. <<Pues yo siempre quise (ser actor), nada más no sabía cómo… no sabía cuál era el camino porque nadie te lo explica>>.

A Emmanuel Palomares siempre lo gobernó la necesidad de ver diferentes reflejos en su rostro, uno tras otro, incontables. Ese fue el hilo sobre el que bailaba su destino, en el escenario.

El ejercicio de rehacerse es uno que no le resulta ajeno sabiendo que se despidió de su natal Venezuela para llegar a tierras mexicanas en busca de sondear las posibilidades de una realidad que solo él podía tomar. <<En el camino se van dando esas oportunidades pequeñas, que parecen, pequeñas y luego pasan los años y ya entiendes que gracias a esas pequeñas oportunidades uno se va forjando>>, dice al respecto de aquello que en su momento le fue tan útil en su escalada hacia el éxito.

Su ardor diletante pronto se volvió el deseo permanente que marcó sus quehaceres más profundos, esas pequeñas oportunidades fueron cada vez más álgidas… cada vez más expectantes en los ojos de un público voraz, que aceptó en Emmanuel un talento innato y solo suyo, capaz de atrapar todas las miradas.

Así conquistó las tablas y se hizo merecedor del cariño y aprecio de la gente, con papeles cada vez más grandes que calzaban mejor con sus habilidades y que demostraban, de facto, lo multifacético que verdaderamente podía resultar.

Si bien es acertado aseverar que logró su triunfo en un ambiente tan complicado, es aún más cierto que fue puramente impulsado por los anhelos surcados en su alma: <<No sabía nada más que la intuición… ya había estudiado, ya me había enamorado de la carrera. Y fue increíble poder plasmar todo lo que uno venía aprendiendo, con las ganas, con la emoción>>.

Esa misma vehemencia vertida es la que le permite explorar las aristas de los personajes que han tomado forma en sus ojos y que, al mismo tiempo, le hace enfrentarse a sí mismo, en un espejo en el que puede ser y no ser. <<Me permitió buscar y encontrar lugares que yo desconocía actoralmente, pero que me trajeron mucho beneficio. Ha sido un gran camino y descubrimiento>>.

El mimetismo que ejerce sobre sus trabajos, al construirlos, deviene gracias a su comprensión del entorno de cada uno de ellos que posee: <<Con mucho entendimiento en los libretos, con los directores, con la producción… hacia dónde va el camino, la intuición del actor. Lo cual se ve al final en la interpretación. Yo siempre he dicho que el actor es psicólogo de su personaje; sea villano o sea bueno tienes que defender lo para poder interpretarlo>>.

“No sabía nada más que la intuición… ya había estudiado, ya me había enamorado de la carrera. Y fue increíble poder plasmar todo lo que uno venía aprendiendo, con las ganas, con la emoción”

La actuación le ha permitido vislumbrar lo diametral de la naturaleza humana, lo puro y lo feral… dándole la oportunidad de trasladar este lenguaje sincrónico a su trabajo: <<En el camino te das cuenta que todos los seres humanos tenemos cosas similares de personas que decimos “no de aquí no tenemos nada” y luego descubres… y dices “bueno, sí tengo un poquito de esto y de aquello”. La cosa es cómo lo plasmas y cómo viene la circunstancia del personaje y en la escena>>, menciona. 

El conocimiento y la aceptación de estas dualidad, de las luces y las sombras, le otorga una cualidad excepcional. El renacer por medio de sus querencias más límpidas: <<Para mi la actuación es magia, es técnica.  Es un nuevo mundo cada personaje a descubrir, a aprender y a interpretar>>.

 A Emmanuel Palomares le queda claro que, lo suyo, incluso cuando corresponde en gran medida a su propio talento también recae en quienes construyen lo imposible junto a él: << La visión  del director, la tuya misma de ese personaje con el bagaje que tienes ahora como persona; ciertamente siento que me hace crecer el lo profesional y lo personal porque vienen a enseñarnos vivencias, qué quiero hacer o no, entonces es una carrera que sin duda me apasiona y amo profundamente>>. 

Ese amor le resulta férreo, sí, y aún más inestimable cuando comprende que, tal vez, entrega demasiado, hasta que termine. Hasta que, exiguo, se aleje de los reflectores… solo por un momento.

“Para mi la actuación es magia, es técnica.  Es un nuevo mundo cada personaje a descubrir, a aprender y a interpretar”

 

Los límites se dibujan ineludibles al tocar el tema de los adioses, del cómo se reinicia y se despoja de cada una de las vidas que toma prestadas: <<Es complejo y lo voy entendiendo con los años… Definitivamente hay emociones involucradas, pero es bueno… la motivación,  la reflexión. Tener tus cinco sentidos. Claro, cuando termino mi personaje sí procuro despedirlo y desconectar>>. 

Como parte de esa práctica, la de reencontrarse y también como mera inspiración y disfrute, tiene por musa el ambiente al que pertenece: <<He descubierto eso, que hago mucho entretenimiento, finalmente porque  lo que hacemos es para entretener al público, pero me gusta algo que que me deje más en mensajes o toque más la raíz… descubro joyas que, a veces, no sé qué ni qué voy a ver, pero salgo extasiado de los mensajes que pueden dejar los directores>>, así, con sus placeres  de gusto apolíneo, puede repararse y seguir en busca de romper sus propias fronteras en la búsqueda de la libertad.

No obstante, si de nuevas perspectivas se ha de hablar, el propio Emmanuel Palomares reconoce que no hubo ni mejor ni más difícil ocasión que durante la pandemia que nos asoló hace algunos años. Ese fue el momento de inflexión en el que se volvió imperativo transgredir los dogmas, a través del dolor, de la renuncia, pero sobre todo, del aprendizaje:<<Yo creo que llegó la contingencia a enseñarnos mucho o a obligarnos a entender lo que realmente vale…>>, con una sabiduría que se antoja teñida por voces más antiguas, en donde se indican los ecos de la experiencia,  él, apunta: <<Yo creo que el camino viene de atrás, más bien, cómo te recibió en el proceso, cómo estabas tú preparado o no. Para nadie es mentira que estamos en un mundo bastante complejo, donde están pasando cosas que preocupan actualmente, pero, al mismo tiempo llevamos una vida balanceada y tratamos de ser felices con eso>>.

Con esperanza genuina, la única senda posible es la de una implacable tenacidad, Emmanuel Palomares lo sabe mejor que nadie: <<En un mundo de tanta adversidad muchas veces queremos buscar cuál es la clave, dónde está el secreto, cómo se hace… sin embargo… ser disciplinado,  estar enfocado, ir por tus sueños, pero ser realista y ser paciente. Así lo consigues>>. Su determinación se convierte en la antorcha que ilumina los caminos ignotos en el medio de su incertidumbre.

Aliviando un poco las tensiones de una realidad que no está debidamente lejana en la memoria y apuntando a un futuro más expectante, se traza un rictus más reflexivo en su rostro cuando se cuela sutilmente en la conversación lo que será aquello que defina sus nuevos horizontes, el deslumbrante destino que se le abre sin reservas: <<Me visualizo trabajando, en cualquier plataforma, teatro, televisión o serie. Interpretando personajes que me sigan gustando, que me sigan retando…. Y que conecten con la gente>>.

Esa gente que puede seguir sus pasos en las redes sociales… su siguiente máscara o su verdadero ser… más gracioso, más humano. Como un héroe o como un villano. 

Emmanuel Palomares es un hombre que toma todas las cartas, las favorables y las desfavorables, convergiendo todo ello en la máxima que ha guiado sus andares: <<Lo hice a partir de mi camino, entendiendo que eso puede dejar un crecimiento… lo que es arriesgarse, atreverse e intentar>>.

El resurgir llama a su puerta, una y otra vez, incesante… ineludible; es el ave fénix que cambia de piel sobre las cenizas.

 

 

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